Economía Ecológica y Agricultura Sustentable

Por Walter Pengue

Los procesos de desarrollo, siguieron un particular sistema de transformación y usufructo de la base de recursos, que en el marco actual ha generado importantes impactos, que llevan ciertamente al reconocimiento científico de la insostenibilidad del modelo en el mediano plazo. 

La intensificación de los procesos productivos, considerando solamente los aspectos inmediatos, las valorizaciones crematísticas y la aceleración del consumo, ha generado efectos negativos que atentan contra el desarrollo armónico y equitativo de muchas sociedades. Estos procesos agrícolas, de fuerte transformación en las áreas rurales, al igual que en el periurbano y urbano hacia las grandes ciudades, son enfocados y estudiados con los instrumentos de la Economía Ecológica .

Desde la posición actual de los países en desarrollo, la apertura a la globalización, las políticas de ajuste estructural han generado una serie de impactos en América Latina imposibles de soslayar, con una enorme apertura de la brecha entre regiones favorecidas y desfarecidas con una secuela de ganadores y perdedores, que no encuentran oportunidades ni alternativas frente a un modelo, que se les intenta presentar como único. Muchos de los países de América Latina se encuentran así en serias disyuntivas para hallar un camino propio, que se presenta cada día más esquivo.Bajo nuevos prismas y enfoques, con enormes esfuerzos, se han abierto fisuras en muchos de los sistemas cientifico tecnológicos de estas naciones, por donde se presentan las demandas por estudios más integrados, holísticos y con nuevas herramientas que permitan escapar a la revisión convencional que acotada y unidisciplinaria a veces no puede resolver problemáticas tan complejas. El caso de la agricultura latinoamericana, desde el Rio Bravo al Río Colorado, se expone a situaciones de múltiple problemática que no puede ser resuelta con los modelos “convencionales” del desarrollo. La Economía Ecológica aporta sustanciales instrumentos a la resolución de estos nuevos (viejos) conflictos con un enfoque transdisciplinar, que aborda el entorno, en una integración del área rural a sus demandantes, urbanos y periurbanos y con un enfoque sistémico que ayuda a comprender nuevas situaciones. Apoyada en otra disciplina como la Agroecología es factible revisar y ofrecer nuevas tecnologías y conocimiento productivo para acercar formas estables de producción no sólo a los sectores rurales, sino también urbanos y periurbanos.

En muchos casos, las economías emergentes crecen mediante la transformación e intensificación del uso de sus recursos - naturales y humanos - pero ni los países ni sus sociedades, se desarrollan. Es así que luego de cincuenta años siguen vigentes los conceptos de Prebisch sobre el "desarrollo excluyente" que se encuentran con los análisis sobre el "subdesarrollo sustentable" tan actuales. 

La agricultura latinoamericana, no ha escapado tampoco a este modelo general. Los procesos de intensificación agrícola, han presionado fuertemente sobre los recursos naturales, por la modalidad intensamente extractiva y por la imposición de paquetes tecnológicos globalizados, que de la mano de una tecnología intensiva en insumos, incrementa las cosechas mediante el uso consuntivo de los mismos (agroquímicos, fertilizantes, riego y genética) pero deteriora los ecosistemas tanto naturales como antropizados.

Al existir esta agricultura de imposición, que por su propia lógica de transformación y consumo, no contempla la posibilidad de alternativas, se degrada fuertemente la biodiversidad, en sus dos facetas: bioecológica y sociocultural. Es decir no sólo, se produce una pérdida de hábitats y pérdida o desplazamiento de especies sino que se atenta directamente contra las comunidades campesinas, de pequeños y medianos productores, cuyas formas de producción tradicionales, desarrolladas local y regionalmente y de manera exitosa por siglos, intentan ser desplazadas por los modelos de agricultura industrial. La Ecología Política , como disciplina que integra y aborda estos conflictos ecológico distributivos en el agro latinoamericano es la herramienta idónea para analizar en profundidad esta seria problemática, que en realidad esconde el debate sobre la apropiación y utilización sustentable o no, de los más ricos recursos del subcontinente: tierra, aguas y biodiversidad.

Estudiar las nuevas y a su vez antiguas formas productivas desarrolladas en muchas comunidades de todos los continentes, que hacen un uso eficiente de la energía y los recursos naturales y humanos disponibles, representa una alternativa viable y sustentable, ampliamente demostrada. Esta es la base de los estudios y trabajos que se desarrollan dentro de esta línea de investigación en Agroecología y Agricultura Sustentable. 

Estos temas son de preocupación mundial, justamente porque se percibe una acelerada inflación de los mismos, por las escasas experiencias concretas que los respaldaban. Esto se percibe en la existencia de pocas alternativas de formación de recursos humanos, que respondan con una vía alternativa y novedosa a los desafíos teóricos y metodológicos que plasmen por un lado adecuadas investigaciones científicas y por el otro que las mismas puedan contribuir al desarrollo sustentable de regiones y microregiones. Walter A. Pengue, por su formación transdisciplinar en agronomía, economía, finanzas, agroecología aborda con este enfoque estas problemáticas que hacen a una producción, desarrollo y sostenibilidad hoy poco impulsada en los canales de decisión convencionales.

Asimismo, otro de los conflictos agrícolas productivos, muy pobremente evaluados a nivel regional, es el impacto que la agricultura intensiva, especialmente la de última generación, que incluye el paquete tecnológico de la Transgénesis, la proteómica o la genómica, que en general ha tenido y tendrá en el futuro de América Latina, sea desde el punto de vista ambiental como de sus impactos sociales y económicos. En este aspecto, hace más de una década que Pengue viene investigando los impactos de estos procesos en la agricultura latinoamericana y mundial a través de la redacción de documentos científicos y de extensión y difusión, que han sido publicados en revistas especializadas, capítulos de libros y libros, algunos de los cuales se incluyen en el apartado.

Todos estos impactos, de la agricultura actual y de la pasada, han producido también una importante degradación del ambiente y de los servicios ambientales que este presta, nuevamente escasamente evaluados. Los daños ambientales generados por el comercio ecológicamente desigual de la agricultura industrial, se repican en todas partes del mundo subdesarrollado y especialmente en América Latina, pero sin embargo, no han sido percibidos cabalmente ni se encuentran aun en las agendas de discusión de nuestros decisores políticos. Argentina cuenta con regiones erosionadas en casi todo su territorio, debidas en parte a este comercio desigual, que comprendió además, la adopción de algunas tecnologías importadas degradantes, sin contabilizar sus impactos. Los sistemas de producción ovina ingresados a la Patagonia en el siglo XIX, que en menos de un siglo la convirtieron en desierto, al igual que la eliminación de los quebrachales en la zona chaqueña, son un claro ejemplo de depredación de la naturaleza, subvaluación del recurso, exportaciones mal pagadas y tecnologías pobremente adaptadas a la realidad regional.

Una situación muy similar, se suscita en la región de suelos más ricos del país y del mundo, la Pampa Ondulada, donde como consecuencia de la presión exportadora de una agricultura industrial, muy dependiente de insumos externos y energía, ambientalmente insustentable, la estructura y calidad de este importante sustrato se esta perdiendo cada año mas rápidamente. Es así que Argentina ha exportado y exporta millones de toneladas de nutrientes naturales - especialmente nitrógeno, fósforo y potasio - que por supuesto, no se recuperan de manera racional. Se pretende recuperarla con el aporte de fertilizantes sintéticos, tal como se promueve actualmente desde la esfera pública y privada. Sólo para sus principales cultivos - soja, trigo, maíz y girasol - el país exporta anualmente junto con sus granos, alrededor de 3.500.000 toneladas de nutrientes. La soja, el motor de la agricultura argentina exportadora, representa casi el 50 % de esta cifra, por la cuál nadie se hizo cargo, pero sin embargo, promueven que nuestros agricultores sigan pagando por recuperar para sí lo que están perdiendo, vía el aumento de la aplicación de los fertilizantes sintéticos - en la última década Argentina pasó de un consumo de 300.000 toneladas/año, unos 6 kg/ha, a casi 2.000.000 de toneladas/año en esta campaña, con crecimiento sostenido - en lugar de hacerlo mediante las conocidas prácticas de recuperación y rotación de suelos, conocidas ancestralmente, avasalladas por la agricultura industrial.

O bien, prácticas mucho más diversas, a las que antes del auge de la ultima década de agricultura continua, nos tenían acostumbrados nuestros campos, como las rotaciones de agricultura por ganadería, la que permite durante estos años, un importante periodo de descanso y recuperación de suelos, y un sistema productivo más diversificado, junto a un menor consumo de insumos, si se utilizan prácticas de pastoreo racional, por ejemplo.

Sin embargo, el hecho que Argentina en los últimos diez años, fuera hacia un fuerte proceso de agriculturizacion, impulsado por una irrestricta apertura al ingreso de insumos externos (agroquímicos, fertilizantes, maquinaria) que contribuyo a la destrucción de las industrias locales, no favoreció por tanto, un proceso de enriquecimiento genuino, que colaborara al circulo virtuoso del desarrollo, sino que solo benefició a ciertos sectores concentradores de la exportación, a un costo social, que ahora, con la nueva apertura del mercado de cambios, beneficiará otra vez a estos mismos sectores exportadores, y dejara por otra parte un tendal de productores quebrados, que fueron impulsados a la "pseudo-tecnificacion" del agro. 

Estos modelos de explotación de recursos naturales a escala mundial se globalizan hacia los países de economías mas debilitadas y dependientes, que en la situación de la Argentina se repiten en los casos de la pesca - destrucción de la industria pesquera nacional, efectos sobre la economía regional marplatense por ejemplo, al literalmente permitirse la destrucción de un recurso pesquero como la merluza - o el petróleo, tan serio al hacer entrega de un producto no renovable a compañías multinacionales, eliminando la posibilidad de resguardarlo para un mejor aprovechamiento y utilización futura y la adecuada asignación intertemporal del recurso agotable y por supuesto, el recurso suelo de una de las zonas más ricas del mundo. 

Responsable: Dr Ing Agr Walter A. Pengue